Qué tristura la mía que sólo me quedan cuatro días de JUVENTUD según los absurdos criterios del director del Consorcio de Transportes de Madrid y su equipo asesor y, pese a que sigo siendo una pobre estudiante sin ingresos, paso a pagar de 37,35 a 58,10 eurazos así como quien no quiere la cosa.

Como es obvio, por mi mente no ha pasado la idea de realizar tal cambio y me veré obligada a prescindir de tan útil pasaporte, con el que he pasado las mejores tardes de mi vida y los paseos más relajantes en las épocas de tormenta... tendré que conformarme con los pasajes de diez escasos viajes y, en meses que necesite utilizarlo más a menudo, sacaré uno doble con el de mi hermano y a viajar ilícitamente como si fuera una juvenil amapola, que con veintiún años recién cumplidos y el carné <26 todavía me cuesta hacerme a la idea de que he perdido la belleza de la rosa recién cubierta de rocío...

Si al menos me asegurasen un servicio que no insultase mi inteligencia, con un horario completo y respetado que cubriera las necesidades de todos los usuarios; si no se produjera el efecto "lata de sardina" día sí, día también, a diferentes horas puntas de cada jornada; si el conductor no me mirase con cara de desprecio cuando le doy los "Buenos días" cada mañana; si no dejaran fuera de funcionamiento tres de las líneas más utilizadas del Metro....; o al menos se dignaran a ofrecer unas tasas más competitivas a sus consumidores (el autobús urbano de Alcalá de Henares me sale casi al mismo precio que ir a la Avenida de América), lo mismo hasta me pensaba utilizar más a menudo el transporte público, que al caso me sale por el mismo precio y la mitad de incomodidades coger mi hipotético cochecillo (del que carezco, paradójicamente por mi juventud y consecuente falta de ingresos).

Ya sólo me queda esperar que pasen rápido los años y pueda sacarme el abono de la Tercera Edad, que teniendo en cuenta su escala debe llegar a los... ¿35?