Esperanza en Palestina
Aún queda esperanza. Sí, incluso allí donde el rencor se apodera hasta de los corazones más humildes y la muerte impone el silencio en los comedores de los pobres (digo de los pobres porque a los ricos las consecuencias no suelen más que salpicarles en la solapa, como cuando desgarran las cabezas de las langostas mientras cenan y brindan porque no se haga la paz, que si no de qué iban a vivir ellos).
Ayer leí en uno de esos periódicos gratuitos, no recuerdo muy bien cuál porque me suelen acercar varios diferentes a la oficina donde trabajo, que una familia palestina ha salvado la vida de seis niños que estaban ingresados en diferentes hospitales de la región, como acto simbólico para revindicar la paz y la vida en una zona en la que los conflictos bélicos y la desolación están a la orden del día.
Pero eso no es todo, no, porque no hay que olvidar el dolor de esos padres que han visto morir a su pequeño de doce años, ese niño en el que posiblemente volcaran todas sus ilusiones y esfuerzos, al que un soldado israelí desgarró impasible con el acero gélido de sus balas.
¿Qué consuelo les queda a unos padres a quienes el odio ha arrebatado la razón que posiblemente justificaba todas sus penurias? Sin duda, el calor de las seis miradas a las que han dado una nueva oportunidad.
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Heliopolis dijo
Karmen, si no la has visto, mira la Habitación del Hijo de Nanni Moretti. Aunque la situación es totalmente diferente, se puede ver que salida más hermosa se puede dar a la perdida irreparable de un hijo.
9 Noviembre 2005 | 03:21 PM